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Sostenibilidad y certificación se dan la mano en construcción

Imagen Sostenibilidad y certificación se dan la mano en construcción
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Con el siglo XX el término “Sostenibilidad” llegó a nuestro vocabulario para quedarse y marcar tendencia en nuestra vida, personal y profesional. Movilidad, transporte, turismo, economía, energías, empresas y productos de infinidad de sectores buscan el adjetivo: todo quiere ser hoy sostenible.

Pero además de serlo hay que parecerlo, y demostrarlo. Así cada vez con más presente, y menos como futuro, la sostenibilidad ha quedado atada a otra directriz: la certificación.

Y el mundo de la construcción no iba a ser menos. LEED (Leadership in Energía and Environmental Design) y BREEAM (Building Research Establishment Environmental Assessment Methodology), procedentes del mundo anglosajón, comenzaron ya hace décadas a poner en marcha su metodología de trabajo en el ámbito de la Edificación.

Estos sistemas se centran en otorgar puntuaciones a los edificios en función del cumplimiento de diversos requisitos de sostenibilidad en diferentes categorías, como pueden ser ubicación, uso de la energía, innovación, materiales, gestión de residuos, etc. Ambos son estándares internacionales con muchas similitudes, y también pequeñas diferencias, pero orientados a la misma finalidad: evaluar la ecoeficiencia de un edificio y cumplir los fines de la sostenibilidad.

Estos dos sistemas son pioneros, pues llevan en el ámbito internacional desde los años 90, pero no los únicos. Ya nadie escapa a la necesidad de poner el “sustainable”, de modo que en España tenemos nuestra adaptación local, denominada VERDE; el sistema alemán responde a las siglas DGNB; HQE (Haute Qualité Environnementale), es de origen francés.

En definitiva, cualquiera de ellas sirve al fin de conseguir una construcción más sostenible, con beneficios económicos, ambientales y sociales para todas las personas vinculadas a la vida de un edificio, ya sean promotores, propietarios, inquilinos y/ usuarios.

Pero si el ámbito de la Edificación ha experimentado mucho más el concepto de eficiencia y sostenibilidad, el ámbito de las infraestructuras había encontrado más dificultades a la hora de certificar esta materia. En algunos casos, las dificultades para ello radican en las grandes divergencias entre las tipologías, a la grandes dimensiones de algunas construcciones, al ámbito multicultural o internacional de muchos proyectos, entre otras cuestiones.

Finalmente en este ámbito se ha desarrollado Envision, un sistema de evaluación de sostenibilidad en infraestructuras desarrollado por la Universidad de Harvard para el Institute for Sustainable Infrastructure. Esta herramienta está basada en métricas que cuantifican las prácticas aplicadas en el proyecto e identifica las oportunidades de mejora para los proyectos de infraestructura en sus distintas etapas de planificación, diseño, construcción, mantenimiento e incluso, su reciclaje o demolición.

El sistema, organizado en torno a cinco categorías y 60 créditos posibles, sirve para valorar cualquier tipo de infraestructura, ya sea del ámbito de la energía, el agua, los residuos, transportes, el territorio o la información y comunicaciones. Es decir, sería igualmente válido para calificar una red de telefonía, un aeropuerto, un tramo de carril-bici o una gran presa.

Un ejemplo claro que utiliza esta metodología es que la cuestión más relevante que pone sobre la mesa ante el proyecto de construcción de una autopista no es la cantidad de material reciclado que se utilizará en la puesta en obra, sino si realmente es la mejor opción para solucionar las demandas de movilidad y acceso a un territorio. La valoración discurre en los ámbitos ambiental, social y económico.


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