El precio del agua - Parte 3

Para terminar mi trilogía sobre el precio del agua una últimas reflexiones. Si no las has leido todavía, aquí tienes la parte 1 y la parte 2 de esta serie de artículos.

Existe un miedo o rechazo político a explicar al ciudadano la realidad que se esconde detrás del Ciclo Integral del Agua: sus costosas inversiones para garantizar el suministro, las instalaciones construidas para proteger el medioambiente de nuestras aguas residuales, los centenares de personas que trabajan para ello y los costes en los que se han incurrido que, además, son de fácil justificación y control.

Es difícil de entender cómo, hoy en día, en numerosos pueblos y ciudades, el precio del servicio del agua no cubre, ni siquiera, los costes Operación y Mantenimiento (O&M) del abastecimiento de agua potable, lo que origina un servicio de mala calidad y un deterioro progresivo de la calidad del agua en los ríos que, a su vez, incrementan los costes de tratamiento del agua potable.

Por consiguiente, el precio del servicio del agua debe de ser superior, como mínimo, a los costes de O&M del Ciclo Integral del Agua (captación, tratamiento, distribución, saneamiento y depuración), pues, en caso contrario, el servicio será económicamente deficitario, técnicamente insostenible a medio plazo y su calidad se irá deteriorando con el paso del tiempo.

Para terminar mi sexta creencia: el agua SI debe de tener un precio que, además, se debe de incluir en las tarifas del agua.

He llegado a esta conclusión tras observar como durante décadas la ausencia de un coste por disponer del agua en la naturaleza ha impedido que, en España, se llegara a un acuerdo consensuado sobre la política del agua.

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La mayoría de los Planes Hidrológicos realizados en España no han cumplido con los objetivos marcados y se han elaborado sobre demandas irreales basadas en información tergiversadas, obtenida de una burda manipulación de los datos manejados fruto de una pregunta mal planteada: ¿Cuánta agua necesita su comunidad? Obviamente, sino se le pone precio a esa demanda, la respuesta es evidente: Toda la que pase por mi territorio.

Ahora bien, que contestarían si el precio por cada metro cúbico que decidimos que vamos a consumir es de 0,25 € que, además, se tendría que pagar tanto si se consume como si no se consume. Posiblemente la respuesta sería muy diferente y permitiría ajustar las demandas a las necesidades reales.

Es más, permitiría que esa comunidad, con unas previsiones de caudales anuales determinados, pudiesen ceder sus derechos a otros usuarios a cambio de un pago económico. ¿A que ahora parece más fácil llegar a un acuerdo?

Cuando el agua se maneja como un sentimiento, en lugar de un bien básico para la vida, y se hacen llamadas al espíritu tribal de posesión del aire, el agua y la tierra de la tribu, la racionalidad y el bien común son arrinconados y los dirigentes de esos pueblos exponen sin pudor sus más insolidarios instintos.

Europa llegó a un acuerdo porque todos los actores obtuvieron beneficios, unos incrementando su acceso a sus demandas de agua y otros recibiendo un pago a cambio de ceder sus derechos.

Animo, nosotros también podemos, lo único que necesitamos es dotarnos de los medios necesarios para ello.

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